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Una jornada particular

Ayer fue una jornada realmente especial.
Un día repleto de actividad, gente estimulante e ideas que merecen la pena ser escuchadas.
Ayer tuve el privilegio de pasar el día en Marbella y participar en Innova 2013. Hoy sólo puedo decir una cosa, una palabra: ¡gracias!
Gracias a todos y cada uno de los implicados en su organización, al American College of Marbella, al resto de ponentes y a quienes acudieron a escucharnos.
Ojalá pronto volvamos a encontrarnos.

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Entrevista en el Diario Sur de Málaga

Mañana jueves, en Marbella, se celebra Innova 2013, un interesante evento en el que tengo el honor de participar y sobre el que hablo, junto a otros temas, en la entrevista que ha publicado el Diario Sur de Málaga y que podéis leer en este enlace. Espero que os interese. ¡Nos vemos mañana en Marbella!

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Dos colosos condenados a entenderse

Aquí os dejo el artículo de opinión que, a propósito de las negociaciones sobre el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y la Unión Europea, publico hoy en el diario Expansión. Espero que os interese.

DOS COLOSOS CONDENADOS A ENTENDERSE
En 1962, tan solo cinco años después de la firma del Tratado de Roma, el presidente Kennedy afirmó en un magnífico discurso, que asentó las bases de la relación posterior entre ambas partes, que EEUU miraba hacia Europa con esperanza y admiración. Más aún, que desde aquel lado del Atlántico se veía a la nueva comunidad europea no como un rival, sino como un socio con quien colaborar partiendo de una clave de igualdad y destinos comunes.

Ya en ese momento, Estados Unidos logró entender el potencial de Europa. Supo reconocer que después de la devastación de la II Guerra Mundial, Europa podía llegar a ser el coloso comercial que hoy es, principalmente, porque ambos compartían los mismos valores de paz y democracia.

Nuestra generación es testigo de los grandes logros y beneficios, fruto de aquella visión compartida del mundo que ha perdurado durante más de medio siglo. Esos valores han servido como base para que se cree un marco común basado en el estado de derecho, el mercado libre y la democracia, un espacio que ha dado pie a la mayor y más importante relación comercial y económica del planeta hasta la fecha.

Las cifras son inapelables: nuestra comunidad conjunta acoge al 9% de la población mundial, pero las dos economías suponen el 52% de su PIB y más del 40% del comercio en todo el mundo; EEUU es el mayor inversor extranjero en la Unión Europea y viceversa; de esta relación dependen más de 14 millones de empleos…

A pesar de todo, a pesar de la tremenda importancia que aún hoy tiene esta relación, podemos afirmar que estamos en un punto de estancamiento. Hace menos de 20 años, cuando la Unión Europea la formaban sólo 15 países, Europa representaba para EEUU el 20,43% de sus exportaciones. Hoy, con 27 países miembros, la cifra representa el 20,68%. Las cifras leídas desde Europa ofrecen un panorama idéntico.

Ciertamente, Estados Unidos y Europa han recorrido un gran camino juntos, pero el momento histórico que nos toca vivir implica grandes retos ante los cuales este punto muerto al que hacía mención no es en absoluto saludable. Por suerte, los gobiernos a ambos lados del Atlántico son conscientes de esta realidad y se han tomado medidas para intentar retomar el rumbo del crecimiento, especialmente desde la llegada a la Casa Blanca del presidente Obama. La visita a Europa que el secretario de Estado, John Kerry, hizo a principios de este año para impulsar las negociaciones para un Tratado de Libre Comercio es el mejor ejemplo de esta voluntad, pero hace años que el Consejo Económico Transatlántico (TEC) ya asentó las bases para avanzar en este sentido.

La conclusión principal de este grupo de trabajo –en el que tuve el honor de participar activamente– fue que los mayores problemas para avanzar en la integración de las dos economías no son de carácter comercial, ni de aranceles, ni de impuestos o aduanas. Los mayores conflictos bilaterales surgen al intentar homologar los ámbitos regulatorios y normativos de los dos sistemas.

El problema no surge porque un modelo regulatorio sea mejor o más efectivo que el otro, todos estamos de acuerdo en que los dos son válidos y que las diferencias son pocas. El problema es que esas pocas diferencias son muy importantes. Las empresas se enfrentan a procesos burocráticos excesivos, lentos y rígidos, duplicidades e ineficiencias de todo tipo que hacen perder competitividad, aumentar costes, limitar las opciones del consumidor, minar la creatividad y cualquier espíritu emprendedor, así como frenar la creación de empleo.

Un ejemplo especialmente gráfico de lo que hablo es el caso de la industria del automóvil. Actualmente, la venta de un coche por un fabricante de Madrid a Washington DC o de Nueva York a Londres es una auténtica odisea. Y la causa no es ninguna cuestión tecnológica o relativa a la seguridad de los vehículos, sino las innumerables normas que convierten en incompatibles detalles tan absurdos como el grosor del limpiaparabrisas, el número de luces de freno o la altura a la que debe instalarse el guardabarros. Estas diferencias obligan a los fabricantes a hacer coches y piezas distintas para cada mercado, con el consiguiente gasto económico y la pérdida de competitividad, sobre todo ante terceros países productores.

La prioridad del TEC ha sido limar esas diferencias y buscar fórmulas que acelerasen los cambios necesarios. Pero seamos sinceros, la labor del TEC ha sido criticada –con razón– por lenta y rígida en sus decisiones, y sobre todo por la falta de acción y resultados de sus recomendaciones. Sin embargo, soy muy optimista de cara al futuro y al actual proceso de negociación del TLC. Estos son mis argumentos:

1. Ya no podemos decir que “no sabemos con quién hablar”. Europeos y estadounidenses disponemos de todos los interlocutores e instituciones necesarias para poder tomar medidas contundentes.

2. La crisis económica nos obliga hoy más que nunca a colaborar, no podemos salir de ella trabajando por separado, y el gobierno de Obama –a diferencia del de sus predecesores republicanos– está por la labor.

3. La alta competitividad y presión que ejercen los países emergentes es una realidad ineludible. Los empresarios europeos y americanos se enfrentan a los mismos retos en China, Brasil o Argentina, no tiene sentido no unir fuerzas, es obligado hacer un frente común.

Este escenario nos obliga a actuar de un modo práctico y eficaz. A partir de mi experiencia en este tipo de negociaciones me permito decir que, si queremos que las conversaciones sobre el nuevo TLC lleguen a buen puerto, hay que partir de una estrategia nueva. De una parte, debemos abordar un número de temas asumibles; si al principio consideramos que todo es importante, al final, nada lo será.

De otra, abordemos temas relativos a sectores estratégicos y de futuro, no nos obsesionemos por otros de difícil solución a corto plazo. Es decir, antes de invertir energía en –por ejemplo– intentar consensuar una normativa agrícola común, centrémonos en otros ámbitos libres de cargas políticas y de controversias de difícil solución.

En consecuencia, apostemos por encontrar primero acuerdos en áreas de trabajo como la sostenibilidad, el desarrollo de energías renovables, la nanotecnología, la robótica, el I+D+i, la alta velocidad, las redes eléctricas inteligentes… Sectores que son y serán clave en el futuro de todos y en los que aún está todo por hacerse, en los que no tiene sentido desarrollar legislaciones por separado, sino unir fuerzas y desarrollar conjuntamente los estándares globales antes de que China o India lo hagan por nosotros.

La oportunidad esta ahí y el momento es ahora. Europeos y estadounidenses tenemos mucho que ganar si trabajamos codo con codo y mucho que perder si no lo hacemos. Remitiéndome de nuevo a las palabras del presidente Kennedy: “Ni el tiempo ni el mundo son estáticos. El cambio es ley de vida y los que sólo miran al pasado o al presente, inevitablemente, se perderán el futuro”.

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¿En qué punto está el Tratado de Libre Comercio EE.UU./U.E.?

El pasado viernes, el programa Europa 2013, del Canal 24h de TVE, ofreció un interesante análisis sobre el estado de las relaciones transatlánticas entre Europa y EE.UU. de cara a la firma de un Tratado de Libre Comercio y en el que tuve ocasión de intervenir. Aquí os dejo el enlace:

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Marbella, 16 de mayo. INNOVA 2013

Bajo el lema “Innovación, formación y emprendimiento: factores claves para hacer frente a la crisis”, el próximo 16 de mayo se celebra en el Palacio de Congresos de Marbella INNOVA 2013, un evento sin ánimo de lucro que servirá para recaudar fondos para becas universitarias para estudiantes de Marbella.

La organización ha tenido a bien invitarme a esta jornada en la que compartiré tribuna con la alcaldesa de Marbella, doña Ángeles Muñoz Oriol; el campeón de Wimbledon Manolo Santana; el presidente del Colegio de Abogados Penal Internacional de La Haya; Luis del Castillo Aragón, el director y fundador del American College de Marbella, James C. Butler PhD;  el consultor Enrique Alcat y el director de la organizadora de eventos Chrand, Pancho Campo, entre otros ponentes.

Quién desee acudir al acto o ampliar información sobre la jornada, puede hacerlo en Innova2013.com

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Atrévete con la creatividad y la innovación

Bajo el lema que da título a esta entrada, Telefónica convoca un evento el próximo jueves 25 en el Hotel Westin Palace de Madrid y en el que tengo el honor de participar como ponente. A lo largo de esta jornada profundizaremos en los contenidos tecnológicos más relevantes que debe tener un Contact Center (CC) y en dar a conocer las últimas soluciones en el entorno de la Atención Multicanal.

El hashtag del evento para seguirlo por Twitter será #tendccTEF

Si deseáis ampliar información sobre el mismo, podéis hacerlo en este enlace.

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Sobre la internacionalización de las empresas españolas

Aquí os dejo un artículo en el que expongo algunas ideas en torno a la internacionalización de las empresas españolas en el último número de la revista Capital. Espero que os interese.

LA INTERNACIONALIZACIÓN COMO MODELO DE INNOVACIÓN PARA LAS EMPRESAS ESPAÑOLAS

En los últimos años ha prosperado en el mundo de la psiquiatría y la psicología el término ‘resiliencia’ para referirse a la cualidad de encajar, resistir y superar las adversidades. El anglicismo deriva del latín resilire, que significa ‘rebotar’, y proviene del campo de la física, donde se emplea para medir la elasticidad de un material, su capacidad para deformarse sin romperse cuando es presionado por otra fuerza exterior. Y las empresas, como las personas, necesitan de su capacidad para adaptarse al entorno -de su “resiliencia”- para alcanzar sus objetivos y sobrevivir.

La idea no es nueva. En el pensamiento económico, Joseph Schumpeter ya recurría a una reveladora frase para explicar el comportamiento cíclico de la economía:  “En una crisis, unos lloran y otros venden pañuelos”. La pregunta es, ¿quiénes son “los que venden los pañuelos” hoy? La respuesta, desde mi punto de vista, es obvia: quienes apuestan decididamente por la innovación.

Innovar hoy no es una opción, es una NECESIDAD. Más aún, ésta ha de ser continua, permanente. Y una línea de trabajo para mantener ese pulso es la de la internacionalización, la búsqueda de nuevos mercados. En este sentido, la inercia cultural y las oportunidades de negocio a corto plazo nos animan a invertir en países como Argentina o Venezuela, mercados “naturales” para el empresario español que, a pesar de todo, no ofrecen demasiadas garantías a largo plazo ni normas reguladoras para crear un marco de estabilidad mínimo. ¿Es este fenómeno un ejemplo de emprendimiento o, por el contrario, de miedo al riesgo? ¿Por qué no superar prejuicios y buscar el éxito en la primera economía del mundo? ¿Por qué no invertir en Estados Unidos, un mercado de 300 millones de clientes potenciales sin aduanas internas, con una moneda única, transparencia legislativa, estabilidad y la mayor protección a los derechos de propiedad intelectual del mundo?

El anuncio de la inminente negociación de un tratado de libre comercio (TLC) entre EE.UU. y la Unión Europea no hace más que reafirmarme en esta idea. Su firma dará origen a la relación económica entre países más integrada del mundo, con un intercambio de bienes y servicios cercano al billón de dólares. Lo ha dicho el comisario de Comercio, Karel de Gutch: esta nueva convergencia reguladora generará un incremento del PIB europeo entre el 0,5 y el 1% y la creación de cientos de miles de nuevos puestos de trabajo. Pero en terminos globales, este acuerdo permitirá a europeos y estadounidenses –y por extensión, a los españoles- crecer en un mercado con las mismas normas para gestionar los mismos problemas. Un agricultor de Almería podrá vender sus productos en Boston en igualdad de condiciones que un agricultor de California; un informático que tenga una idea brillante en su casa de un barrio de Madrid podrá defenderla igual que otro que la tenga en un garaje de Montana. Hay mucho que ganar si colaboramos y mucho que perder si no lo hacemos.

¿Por qué estoy tan seguro de que estas oportunidades de negocio son reales? Por un lado, porque nuestra situación de partida no es en absoluto mala, somos el décimo inversor extranjero en EE.UU. y destacamos en sectores en los que el trabajo por hacer es aún inmenso, como los de energías sostenibles, infraestructuras, construcción, transporte o I+D+i. Pero sobre todo, porque el TLC implicará una ventaja competitiva para nuestros empresarios en tanto que el nicho del mercado hispano en EE.UU. es un terreno abonado para ellos. La comunidad latina supera ya los 50 millones, es un colectivo joven que reclama ser atendido en su lengua y con sus códigos, quiere “consumir en español”. Y lo más importante, es un sector demográfico que crece exponencialmente (ya es un 18% del total y se espera que alcance el 30% en 2050) y que ha doblado su poder adquisitivo en la última década.

En este contexto, una vez aprobado el TLC, las empresas españolas jugarán con una ventaja extraordinaria que no deben dejar escapar. Muchas grandes empresas españolas están ya triunfando en EE.UU. (Telefónica, Indra, Hispasat, Abengoa, Iberdrola…), pero el mercado está completamente abierto para las PyMES. Seamos “resilientes”, aprovechemos el momento y adelantémonos al cambio que se avecina haciendo lo que solo una empresa española y nadie más que una empresa española es capaz de hacer.

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10 abril, 2013 · 12:17 pm