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Dos colosos condenados a entenderse

Aquí os dejo el artículo de opinión que, a propósito de las negociaciones sobre el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y la Unión Europea, publico hoy en el diario Expansión. Espero que os interese.

DOS COLOSOS CONDENADOS A ENTENDERSE
En 1962, tan solo cinco años después de la firma del Tratado de Roma, el presidente Kennedy afirmó en un magnífico discurso, que asentó las bases de la relación posterior entre ambas partes, que EEUU miraba hacia Europa con esperanza y admiración. Más aún, que desde aquel lado del Atlántico se veía a la nueva comunidad europea no como un rival, sino como un socio con quien colaborar partiendo de una clave de igualdad y destinos comunes.

Ya en ese momento, Estados Unidos logró entender el potencial de Europa. Supo reconocer que después de la devastación de la II Guerra Mundial, Europa podía llegar a ser el coloso comercial que hoy es, principalmente, porque ambos compartían los mismos valores de paz y democracia.

Nuestra generación es testigo de los grandes logros y beneficios, fruto de aquella visión compartida del mundo que ha perdurado durante más de medio siglo. Esos valores han servido como base para que se cree un marco común basado en el estado de derecho, el mercado libre y la democracia, un espacio que ha dado pie a la mayor y más importante relación comercial y económica del planeta hasta la fecha.

Las cifras son inapelables: nuestra comunidad conjunta acoge al 9% de la población mundial, pero las dos economías suponen el 52% de su PIB y más del 40% del comercio en todo el mundo; EEUU es el mayor inversor extranjero en la Unión Europea y viceversa; de esta relación dependen más de 14 millones de empleos…

A pesar de todo, a pesar de la tremenda importancia que aún hoy tiene esta relación, podemos afirmar que estamos en un punto de estancamiento. Hace menos de 20 años, cuando la Unión Europea la formaban sólo 15 países, Europa representaba para EEUU el 20,43% de sus exportaciones. Hoy, con 27 países miembros, la cifra representa el 20,68%. Las cifras leídas desde Europa ofrecen un panorama idéntico.

Ciertamente, Estados Unidos y Europa han recorrido un gran camino juntos, pero el momento histórico que nos toca vivir implica grandes retos ante los cuales este punto muerto al que hacía mención no es en absoluto saludable. Por suerte, los gobiernos a ambos lados del Atlántico son conscientes de esta realidad y se han tomado medidas para intentar retomar el rumbo del crecimiento, especialmente desde la llegada a la Casa Blanca del presidente Obama. La visita a Europa que el secretario de Estado, John Kerry, hizo a principios de este año para impulsar las negociaciones para un Tratado de Libre Comercio es el mejor ejemplo de esta voluntad, pero hace años que el Consejo Económico Transatlántico (TEC) ya asentó las bases para avanzar en este sentido.

La conclusión principal de este grupo de trabajo –en el que tuve el honor de participar activamente– fue que los mayores problemas para avanzar en la integración de las dos economías no son de carácter comercial, ni de aranceles, ni de impuestos o aduanas. Los mayores conflictos bilaterales surgen al intentar homologar los ámbitos regulatorios y normativos de los dos sistemas.

El problema no surge porque un modelo regulatorio sea mejor o más efectivo que el otro, todos estamos de acuerdo en que los dos son válidos y que las diferencias son pocas. El problema es que esas pocas diferencias son muy importantes. Las empresas se enfrentan a procesos burocráticos excesivos, lentos y rígidos, duplicidades e ineficiencias de todo tipo que hacen perder competitividad, aumentar costes, limitar las opciones del consumidor, minar la creatividad y cualquier espíritu emprendedor, así como frenar la creación de empleo.

Un ejemplo especialmente gráfico de lo que hablo es el caso de la industria del automóvil. Actualmente, la venta de un coche por un fabricante de Madrid a Washington DC o de Nueva York a Londres es una auténtica odisea. Y la causa no es ninguna cuestión tecnológica o relativa a la seguridad de los vehículos, sino las innumerables normas que convierten en incompatibles detalles tan absurdos como el grosor del limpiaparabrisas, el número de luces de freno o la altura a la que debe instalarse el guardabarros. Estas diferencias obligan a los fabricantes a hacer coches y piezas distintas para cada mercado, con el consiguiente gasto económico y la pérdida de competitividad, sobre todo ante terceros países productores.

La prioridad del TEC ha sido limar esas diferencias y buscar fórmulas que acelerasen los cambios necesarios. Pero seamos sinceros, la labor del TEC ha sido criticada –con razón– por lenta y rígida en sus decisiones, y sobre todo por la falta de acción y resultados de sus recomendaciones. Sin embargo, soy muy optimista de cara al futuro y al actual proceso de negociación del TLC. Estos son mis argumentos:

1. Ya no podemos decir que “no sabemos con quién hablar”. Europeos y estadounidenses disponemos de todos los interlocutores e instituciones necesarias para poder tomar medidas contundentes.

2. La crisis económica nos obliga hoy más que nunca a colaborar, no podemos salir de ella trabajando por separado, y el gobierno de Obama –a diferencia del de sus predecesores republicanos– está por la labor.

3. La alta competitividad y presión que ejercen los países emergentes es una realidad ineludible. Los empresarios europeos y americanos se enfrentan a los mismos retos en China, Brasil o Argentina, no tiene sentido no unir fuerzas, es obligado hacer un frente común.

Este escenario nos obliga a actuar de un modo práctico y eficaz. A partir de mi experiencia en este tipo de negociaciones me permito decir que, si queremos que las conversaciones sobre el nuevo TLC lleguen a buen puerto, hay que partir de una estrategia nueva. De una parte, debemos abordar un número de temas asumibles; si al principio consideramos que todo es importante, al final, nada lo será.

De otra, abordemos temas relativos a sectores estratégicos y de futuro, no nos obsesionemos por otros de difícil solución a corto plazo. Es decir, antes de invertir energía en –por ejemplo– intentar consensuar una normativa agrícola común, centrémonos en otros ámbitos libres de cargas políticas y de controversias de difícil solución.

En consecuencia, apostemos por encontrar primero acuerdos en áreas de trabajo como la sostenibilidad, el desarrollo de energías renovables, la nanotecnología, la robótica, el I+D+i, la alta velocidad, las redes eléctricas inteligentes… Sectores que son y serán clave en el futuro de todos y en los que aún está todo por hacerse, en los que no tiene sentido desarrollar legislaciones por separado, sino unir fuerzas y desarrollar conjuntamente los estándares globales antes de que China o India lo hagan por nosotros.

La oportunidad esta ahí y el momento es ahora. Europeos y estadounidenses tenemos mucho que ganar si trabajamos codo con codo y mucho que perder si no lo hacemos. Remitiéndome de nuevo a las palabras del presidente Kennedy: “Ni el tiempo ni el mundo son estáticos. El cambio es ley de vida y los que sólo miran al pasado o al presente, inevitablemente, se perderán el futuro”.

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¿En qué punto está el Tratado de Libre Comercio EE.UU./U.E.?

El pasado viernes, el programa Europa 2013, del Canal 24h de TVE, ofreció un interesante análisis sobre el estado de las relaciones transatlánticas entre Europa y EE.UU. de cara a la firma de un Tratado de Libre Comercio y en el que tuve ocasión de intervenir. Aquí os dejo el enlace:

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Entrevista en Radio Exterior de España

El pasado día 22 tuve la ocasión de acudir como invitado al programa Europa Abierta de Radio Exterior de España. En una charla realmente interesante con Chema Forte y su equipo, hablamos de varios temas, pero hicimos hincapié en uno que sigo con especial atención: la inminente firma de un Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y la Unión Europea.

En este enlace se puede escuchar la entrevista  y descargar el fichero con el audio completo. Espero que os interese.

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Bienvenidos

Hoy comienzo una nueva aventura en la que  lo personal y lo profesional van de la mano. Hoy escribo por primera vez en mi blog personal, un espacio en el que no sólo pretendo dejar constancia de mis ideas y mis proyectos, también compartirlos con cualquiera al que le puedan interesar y poder descubrir los suyos, los tuyos.

Dos ideas me animan a embarcarme en este nuevo reto. Por un lado, espero que este blog se convierta poco a poco en un nuevo punto de encuentro en torno a las ideas, a esas buenas ideas innovadoras e inspiradoras que todos conocemos. Por otro, quiero ser fiel a una de mis máximas vitales, quiero agradecer desde aquí a todos aquellos que me han ayudado a ser lo que soy y a hacer cada una de las cosas que pueda hacer, y quiero que mi experiencia sea útil a otros, a ti.

Sin más, me descpido con la esperanza de que escribir estas líneas sean el comienzo de una nueva y apasionante rutina.

 

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