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Como quizás ya sepáis, mañana  12 de junio

Como quizás ya sepáis, mañana  12 de junio sale a la venta mi libro “Soñar es Poder”. 

En él os cuento lo que ocurrió en el trayecto desde Telde, el pueblo que me  vio nacer, hasta la Casa Blanca en Washington DC, la capital  de la primera potencia mundial.

He  querido plasmar las claves del éxito y habilidades especiales, de las muchas personalidades con la que he tenido el honor de trabajar en el pasado.  Personas como Bill y Hillary Clinton, Al Gore, John Kerry o Barack Obama que  de alguna forma u otra han marcado mi vida y he querido describir qué les hace especiales.

Pretendo  darle a las miles de personas que lo están pasando mal un aliciente e inyectar entusiasmo e ilusión a nuestra sociedad en estos momentos de crisis. De hecho, parte de  los beneficios de su venta  irán destinados  a dos ONGs, una es Ashoka que presta su apoyo a emprendedores sociales y la otra es la “Obra Social de Acogida y Desarrollo” que se  dedica a la rehabilitación de personas abandonadas y marginadas por diversas causas.

En mis redes sociales os he ido informando y os seguiré dando más detalles.

Desde este link podéis descargaros el primer capítulo: http://www.librosaguilar.com/es/libro/sonar-es-poder/

Espero que os guste y os inspire.

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11 junio, 2013 · 10:50 am

Sobre la internacionalización de las empresas españolas

Aquí os dejo un artículo en el que expongo algunas ideas en torno a la internacionalización de las empresas españolas en el último número de la revista Capital. Espero que os interese.

LA INTERNACIONALIZACIÓN COMO MODELO DE INNOVACIÓN PARA LAS EMPRESAS ESPAÑOLAS

En los últimos años ha prosperado en el mundo de la psiquiatría y la psicología el término ‘resiliencia’ para referirse a la cualidad de encajar, resistir y superar las adversidades. El anglicismo deriva del latín resilire, que significa ‘rebotar’, y proviene del campo de la física, donde se emplea para medir la elasticidad de un material, su capacidad para deformarse sin romperse cuando es presionado por otra fuerza exterior. Y las empresas, como las personas, necesitan de su capacidad para adaptarse al entorno -de su “resiliencia”- para alcanzar sus objetivos y sobrevivir.

La idea no es nueva. En el pensamiento económico, Joseph Schumpeter ya recurría a una reveladora frase para explicar el comportamiento cíclico de la economía:  “En una crisis, unos lloran y otros venden pañuelos”. La pregunta es, ¿quiénes son “los que venden los pañuelos” hoy? La respuesta, desde mi punto de vista, es obvia: quienes apuestan decididamente por la innovación.

Innovar hoy no es una opción, es una NECESIDAD. Más aún, ésta ha de ser continua, permanente. Y una línea de trabajo para mantener ese pulso es la de la internacionalización, la búsqueda de nuevos mercados. En este sentido, la inercia cultural y las oportunidades de negocio a corto plazo nos animan a invertir en países como Argentina o Venezuela, mercados “naturales” para el empresario español que, a pesar de todo, no ofrecen demasiadas garantías a largo plazo ni normas reguladoras para crear un marco de estabilidad mínimo. ¿Es este fenómeno un ejemplo de emprendimiento o, por el contrario, de miedo al riesgo? ¿Por qué no superar prejuicios y buscar el éxito en la primera economía del mundo? ¿Por qué no invertir en Estados Unidos, un mercado de 300 millones de clientes potenciales sin aduanas internas, con una moneda única, transparencia legislativa, estabilidad y la mayor protección a los derechos de propiedad intelectual del mundo?

El anuncio de la inminente negociación de un tratado de libre comercio (TLC) entre EE.UU. y la Unión Europea no hace más que reafirmarme en esta idea. Su firma dará origen a la relación económica entre países más integrada del mundo, con un intercambio de bienes y servicios cercano al billón de dólares. Lo ha dicho el comisario de Comercio, Karel de Gutch: esta nueva convergencia reguladora generará un incremento del PIB europeo entre el 0,5 y el 1% y la creación de cientos de miles de nuevos puestos de trabajo. Pero en terminos globales, este acuerdo permitirá a europeos y estadounidenses –y por extensión, a los españoles- crecer en un mercado con las mismas normas para gestionar los mismos problemas. Un agricultor de Almería podrá vender sus productos en Boston en igualdad de condiciones que un agricultor de California; un informático que tenga una idea brillante en su casa de un barrio de Madrid podrá defenderla igual que otro que la tenga en un garaje de Montana. Hay mucho que ganar si colaboramos y mucho que perder si no lo hacemos.

¿Por qué estoy tan seguro de que estas oportunidades de negocio son reales? Por un lado, porque nuestra situación de partida no es en absoluto mala, somos el décimo inversor extranjero en EE.UU. y destacamos en sectores en los que el trabajo por hacer es aún inmenso, como los de energías sostenibles, infraestructuras, construcción, transporte o I+D+i. Pero sobre todo, porque el TLC implicará una ventaja competitiva para nuestros empresarios en tanto que el nicho del mercado hispano en EE.UU. es un terreno abonado para ellos. La comunidad latina supera ya los 50 millones, es un colectivo joven que reclama ser atendido en su lengua y con sus códigos, quiere “consumir en español”. Y lo más importante, es un sector demográfico que crece exponencialmente (ya es un 18% del total y se espera que alcance el 30% en 2050) y que ha doblado su poder adquisitivo en la última década.

En este contexto, una vez aprobado el TLC, las empresas españolas jugarán con una ventaja extraordinaria que no deben dejar escapar. Muchas grandes empresas españolas están ya triunfando en EE.UU. (Telefónica, Indra, Hispasat, Abengoa, Iberdrola…), pero el mercado está completamente abierto para las PyMES. Seamos “resilientes”, aprovechemos el momento y adelantémonos al cambio que se avecina haciendo lo que solo una empresa española y nadie más que una empresa española es capaz de hacer.

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10 abril, 2013 · 12:17 pm